Cuando los británicos intentaron vender el Harrier a China en los años 70

El Harrier, un avión distinto a todos

El Harrier es un avión de despegue y aterrizaje vertical, aunque se ha usado más normalmente como aeronave de despegue corto y aterrizaje vertical, para aumentar su radio de acción. Esa versatilidad lo convirtió en un símbolo de innovación tecnológica y en un objeto de deseo para varias fuerzas aéreas del mundo, a pesar de ser subsónico en un mundo de cazas de Mach 2. Fue diseñado por Hawker Siddeley, y posteriormente perfeccionado por British Aerospace y McDonell Douglas.

Su bautizo de fuego llegó en 1982 durante la Guerra de las Malvinas, cuando operó con éxito desde los portaaviones HMS Invincible y HMS Hermes. Esa demostración le abrió puertas en el mercado internacional. India, que buscaba fortalecer su aviación naval, encargó 30 unidades y adquirió además el Hermes, rebautizado como INS Viraat. Los primeros tres Sea Harrier aterrizaron en Goa el 16 de diciembre de 1983, y días después realizaron pruebas en el portaaviones INS Vikrant.

Pero, ¿y si hubieran terminado en China?

Lo curioso es que, mientras Londres negociaba con Nueva Delhi, también mantenía conversaciones discretas con Pekín. Desde 1972, los chinos habían mostrado interés en adquirir nada menos que 200 Harrier para su Fuerza Aérea. No era la primera vez que hacían tratos con los británicos: ya en 1964 habían comprado aviones Viscount y Trident para uso civil.

Las conversaciones con China, sin embargo, fueron cualquier cosa menos sencillas. En los turbulentos años de la Banda de los Cuatro, las negociaciones quedaron en suspenso. En 1977, el ministro chino de Comercio Exterior, Li Chiang, viajó a Reino Unido y presenció una demostración en vuelo del Harrier. Un año después, en Londres, el propio viceprimer ministro Wang Chen volvió a ver el espectáculo aéreo que los británicos habían preparado para seducir a Pekín.

El juego geopolítico: Londres, Washington y Moscú

El interés británico en cerrar el trato era evidente, aunque existía un gran obstáculo: la Battle Act de 1951, que prohibía vender material militar estratégico a países del bloque soviético. Como era de imaginar, a Washington, la idea de Harriers en manos chinas no le gustaba nada.

No obstante, los británicos ya habían hecho caso omiso de esas presiones en 1975, cuando vendieron motores Rolls-Royce Spey a China para aplicaciones militares. Los estadounidenses no fueron los únicos en protestar: incluso la Unión Soviética se mostró contraria. En noviembre de 1978, el entonces presidente soviético Leonid Brezhnev envió una carta al primer ministro británico James Callaghan, advirtiendo de «serias consecuencias» si el Reino Unido vendía los Harriers a China. La misiva evidenció las crecientes preocupaciones soviéticas por ese posible cambio en el equilibrio militar en la región. La misiva terminó filtrándose a la prensa, dejando en evidencia hasta qué punto Moscú intentaba influir en Londres.

Entre cartas, advertencias y maniobras diplomáticas, los chinos empezaron a enfriar el asunto. Sin embargo, la promoción de Wang Chen al Politburó reavivó la esperanza británica. Londres ofrecía el Harrier como un avión CAS y caza —a pesar de no ser supersónico—, ideal para un país que buscaba modernizar su fuerza aérea con rapidez.

En 1979, todo parecía encaminado: había borradores de acuerdo y voluntad de ambas partes. En febrero, el Gobierno británico transmitió a Pekín su acuerdo de principio para la venta de aproximadamente 70 Harrier, por un valor estimado de 600 millones de libras esterlinas. En noviembre, la entonces primera ministra Margaret Thatcher confirmó formalmente a Hua Guofeng —líder chino de aquel entonces— la disposición británica a vender los Harrier. Las negociaciones, sin embargo, se estancaron por desacuerdos sobre precio, términos de crédito y una posible compensación comercial mediante bienes chinos

El final del acuerdo

Varios elementos contribuyeron al fin de las negociaciones:

  • Venta simultánea a India: Gran Bretaña estaba también en negociaciones con India para venderles una versión más avanzada del Harrier, lo que generaba desconfianza en Pekín
  • Armas adicionales solicitadas: China pedía que se incluyeran bombas de racimo BL755 junto con los Harrier, algo que generó serias reservas humanitarias entre los funcionarios británicos y enfrió el ánimo negociador
  • Invasión china a Vietnam (1979): La intervención militar china añadió una dimensión política complicada, convirtiendo el posible trato en un problema diplomático para el Gobierno británico.

El contexto internacional se volvió demasiado complicado y, poco a poco, la posibilidad de ver Harriers con escarapelas chinas se esfumó. El trato murió de forma natural.

De China a Taiwán

Para mantener a Washington tranquilo, Londres aseguró que no creía que China utilizara los Harrier contra Taiwán. Paradójicamente, décadas después sería el propio US Marine Corps quien intentara vender Harrier AV-8 modernizados a Taiwán. El razonamiento era pragmático: en caso de un ataque con misiles, las pistas aéreas taiwanesas serían destruidas rápidamente. Pero con aviones VTOL, con pistas cortas dispersas en refugios montañosos, Taiwán podría seguir lanzando contraataques.

Fuentes


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