El Predator B antiincendios

De todas las aeronaves antiincendios que hemos mostrado en el blog, posiblemente la más inesperada sea este avión no tripulado. Eso sí, aunque es antiincendios porque se utilizó para ayudar a combatirlos, no lo hizo mediante ataques directos con agua, sino obteniendo información sobre ellos.

En respuesta a una solicitud de la Oficina de Servicios de Emergencia de California y del Centro Nacional Interagencias de Incendios, la NASA operó el Ikhana, un un Predator B modificado para misiones civiles de ciencia e investigación.

Operado desde su base habitual, en Dryden, sobrevoló en verano de 2008 los grandes incendios que asolaron California.

El Ikhana llevaba a bordo el escáner modular autónomo, un sistema de imágenes térmico‑infrarrojas desarrollado en el Centro de Investigación Ames de la NASA, en el norte de California, que permitía «ver» a través de humo denso para detectar puntos calientes, llamas y medir gradientes de temperatura, procesar las imágenes a bordo y luego transmitir esa información casi en tiempo real, para ayudar a gestionar prioridades y recursos, asignándolos donde más se necesitaban, validando el sistema.

Gracias a esta tecnología, el servicio forestal pudo atender más de diez incendios por noche en periodos críticos, disminuir la cantidad de despegues y aterrizajes (aumentando la seguridad de pilotos y tripulación) y ofrecer a los distintos usuarios información adaptada a sus necesidades, desde pequeños resúmenes de ubicación e intensidad hasta imágenes combinadas de foto e infrarrojo. El avión sigue en uso desde entonces.

La NASA y el servicio forestal han sido pioneros en el uso de aviones no tripulados y la transmisión de información a distancia para el combate de los incendios forestales. Desde la década de los 80, ambos comenzaron a trabajar juntos para aprovechar la experiencia de la agencia espacial en sensores remotos y transmisión de datos. En los años 90 se iniciaron los primeros proyectos con UAVs orientados a la investigación ambiental, con el objetivo de que la información obtenida pudiera ser útil para los bomberos forestales. En esa época la transmisión de datos era rudimentaria: se imprimían lecturas térmicas en tubos plásticos o se descargaban en unidades USB que se lanzaban desde aviones, lo que retrasaba considerablemente la disponibilidad de la información crítica.

Y, ya sabéis, podéis ampliar vuestros conocimientos sobre aeronaves antiincendios con el libro Donde pongo el ojo, ¡mojo!, que trata desde que se intentó lanzar cemento portland desde una Kaydet al diseño de un 767 antiincendios que más parece un avion «espía» que un apagafuegos.


Descubre más desde Sandglass Patrol

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja una respuesta