
El Apache nació como arma específicamente diseñada para detener hordas de tanques soviéticos avanzando hacia Alemania y, en la búsqueda del mejor caza-drones para reemplazar a las soluciones improvisadas con Aeroprakts, Cessnas, Yaks y aviones agrícolas y de transporte, está evolucionando junto con los entrenadores armados para detener hordas de drones.
Fue la Fuerza Aérea israelí fue pionera en este uso. Y el US Army se le ha sumado a «profesionalizar» la caza de drones desde el Apache con la introducción de munición específica para este fin, con el desarrollo de la XM1225 APEX (Aviation Proximity Explosive) con espoleta de proximidad, lo que proporciona una opción más barata, abundante y segura para derribar drones frente a misiles y cohetes guiados.
En diciembre, los Apache la probaron con fuego real en el campo de pruebas de Yuma (Arizona), realizando múltiples enfrentamientos contra distintos tipos de drones. Esta munición, con espoleta de proximidad, detona cuando pasa cerca del objetivo, dispersando metralla, lo que resulta especialmente eficaz contra objetivos pequeños y móviles como los drones, maximizando las probabilidades de impacto, y de generar daños que destruyan el drone o lo dañen lo suficiente como para que no pueda cumplir su misión. Además, puede emplearse también contra personal, vehículos ligeros y pequeñas embarcaciones, ofreciendo efectos de área superiores a la munición explosiva convencional, pero perdiendo la capacidad anti-blindaje para la que fue diseñado originalmente el cañón y el helicóptero.
La XM1225 ha sido desarrollado para integrarse sin modificaciones en el sistema de armas ni en el control de tiro del Apache. Su comportamiento balístico es similar a la munición tradicional, por lo que apenas requiere formación para los tripulantes o modificaciones en los sistemas de puntería.
Aunque el Apache ya puede usar misiles Hellfire y cohetes guiados APKWS II contra blancos aéreos, estas armas son mucho más caras que las balas, y el helicóptero puede cargar hasta 1200 proyectiles de 30 mm, con recargas rápidas incluso en posiciones avanzadas. Además, el helicóptero brinda a su tripulación mayores posibilidades de supervivencia que las aeronaves improvisadas armadas para combatir drones. Sin embargo, aunque la munición se proponga como solución más idónea que los cohetes o los misiles, faltaría una iteración más para sacar a la tripulación de la aeronave y minimizar las pérdidas de tripulaciones experimentadas, muy caras de perder desde muchos puntos de vista —son vidas humanas, baja la moral, reemplazarlas es carísimo a nivel formativo—, y poder utilizar así aeronaves más pequeñas y más baratas de fabricar
Munición antiaérea con espoleta de proximidad, una solución de la IIGM al rescate de los ejércitos modernos para combatir drones
Durante la Segunda Guerra Mundial el problema era detener «hordas» de bombarderos en picado y torpederos, en especial en el Pacífico, y hordas de bombarderos sobre las ciudades de Europa. Se desarrollaron radares para detectarlos, aviones y técnicas de caza nocturna para combatirlos en cualquier condición de visibilidad, y espoletas de proximidad, que hacían que no fuera necesario que la munición antiaérea impactara contra el objetivo: con que pasara cerca era suficiente para hacerla detonar y que la metralla dañara motores, depósitos de combustible, cables de control o tripulantes, de una forma parecida a como se querían combatir los bombarderos con algunos de los cohetes desarrollados en España durante la Guerra Civil. De hecho, el concepto de espoleta de proximidad ya existía antes de la guerra, pero ninguno de los desarrollos era del todo viable.

El proyecto se llevó a cabo bajo el National Defense Research Committee (NDRC), que creó la Sección T en agosto de ese año, dirigida por el físico Merle A. Tuve del Department of Terrestrial Magnetism de la Carnegie Institution for Science, con el respaldo de Vannevar Bush.
A diferencia de las espoletas tradicionales, que funcionaban por tiempo o impacto, la espoleta de proximidad incorporaba un minúsculo radar de onda continua, capaz de medir la distancia al objetivo y detonar el proyectil en el momento óptimo, ya fuera cerca de un avión enemigo o de tropas en tierra. Este fue el gran avance, lograr miniaturizar el radar y hacerlo resistente para poder aguantar las aceleraciones y vibraciones que podían inducir en él su uso dentro del arma. El reto principal era que la espoleta soportara fuerzas extremas (hasta 20000 G) y velocidades de rotación muy elevadas, algo que ninguna espoleta había logrado. En apenas 30 meses, se logró un sistema operativo. Este diseño supuso un enorme desafío técnico, que requirió numerosas iteraciones y la colaboración de más de 40 empresas e instituciones académicas.
Tras dos años de investigación intensiva, la espoleta estuvo lista para pruebas reales en agosto de 1942, durante ensayos antiaéreos en la Bahía de Chesapeake, donde su efectividad sorprendió a la US Navy. Poco después, en el Pacífico, el crucero USS Helena derribó un bombardero japonés usando solo cinco proyectiles equipados con esta espoleta, demostrando su valor en combate, y equiparando su importancia al desarrollo del radar. El impacto estratégico fue decisivo: la espoleta ayudó a proteger Londres de las V‑1 y fue fundamental en la Batalla de las Ardenas y en Okinawa.
Tras la guerra, la espoleta de proximidad se convirtió en la base de numerosos sistemas modernos de misiles antiaéreos y aire‑aire
Aunque su desarrollo se mantuvo en secreto durante la guerra, su historia fue finalmente revelada al público en 1945, consolidando la espoleta de proximidad como uno de los avances tecnológicos más influyentes de la Segunda Guerra Mundial, aunque sea un desarrollo eclipsado normalmente por el radar y la bomba atómica.
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