
En 2018 los fuegos asolaban Suecia, había 340 bomberos de distintos países europeos. Y el fuego llegó a un campo de tiro, que contiene proyectiles sin explotar. Esta peculiaridad lo hace especialmente peligroso para los bomberos forestales, que no pueden entrar en la zona. Por eso las fuerzas armadas suecas decidieron probar un método más expeditivo: una bomba.
El 25 de julio de 2018, la fuerza aérea sueca desplegó dos aviones Gripen para bombardear las llamas, con la esperanza de que la presión de la explosión ayudara a contener el fuego.
«El oxígeno del incendio puede eliminarse con ayuda de una bomba y en este caso fue posible intentarlo porque el fuego se encuentra en un campo de tiro. Nuestra evaluación preliminar por ahora es que esto tuvo un buen efecto»,
Johan Szymanski, líder del equipo de bomberos y rescate

La bomba, una GBU-49, fue lanzada desde 3000 metros, alcanzando velocidades de 550 km/h antes de impactar su objetivo con precisión métrica. Según los informes, apagó el fuego hasta a 100m a la redonda del punto de impacto.
Los suecos no son los primeros en tener la idea de usar bombas para detener un incendio. Rusos y estadounidenses lo habían intentado poco antes y después de la Segunda Guerra Mundial.
Y, ya sabéis, podéis ampliar vuestros conocimientos sobre aeronaves antiincendios con el libro Donde pongo el ojo, ¡mojo!, que trata desde que se intentó lanzar cemento portland desde una Kaydet al diseño de un 767 antiincendios que más parece un avion «espía» que un apagafuegos.

Fuentes: Fire House, Wildfire Today, Aftonbladet
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