
Llevaba un tiempo pensando en escribir sobre cómo se ha ido posicionando Bayraktar, de Turquía, como un actor destacado en el sector de los aviones no tripulados, y mientras daba vueltas a cómo explicarlo, encontré TB2 Bayraktar, Big Strategy for a Little Drone [pdf] del Instituto Francés de Relaciones Internacionales, y lo cuenta bastante bien, así que he decidido haceros un resumen en castellano del informe de 16 páginas, y enlazarlo por si queréis leerlo completo.
Tras la ocupación del norte de Chipre en 1974, EE. UU. impuso a Turquía un embargo de armas de tres años, lo que reveló la gran dependencia del país del material militar occidental. Como respuesta, Turquía decidió crear una industria de defensa nacional para lograr mayor autonomía estratégica. Esta política se reforzó mediante acuerdos de compensación industrial que exigían transferencias de tecnología, desarrollo de producción local y alianzas con grandes grupos occidentales.
A partir de la primera década del siglo XXI, el foco —y las inversiones— se desplazó a la aviación, con la empresa estatal Turkish Aerospace Industries (TAI) liderando proyectos como:
- Hürkus: avión de entrenamiento con hélice, desde 2006
- T‑129 Atak: helicóptero de ataque, principios de los 2000
- Hürjet: avión ligero de ataque y entrenamiento, 2017
- TF‑X — ahora Kaan—: caza de última generación que será la plataforma principal de la Fuerza Aérea turca
TAI había participado previamente en otros proyectos, como el C-295, el A400M. Además la industria turca tenía experiencia en el mantenimiento de los F-16de su fuerza aérea.
A diferencia de otras industrias de defensa consolidadas, donde los drones surgieron después de la aviación tripulada, la joven industria turca desarrolla simultáneamente ambos sectores.
Los militares turcos percibieron temprano el potencial de los drones y adquirieron modelos israelíes. Posteriormente, fabricantes locales comenzaron a producir sus propios sistemas, inspirados en los israelíes: TAI con el ANKA, Lentatek con el Karayel, y Baykar con el TB2. Este último ha convertido a Baykar en el líder del mercado de drones turco, mientras TAI sigue centrada en la aviación tripulada y su ala volante ANKA III y Lentatek mejora versiones del Karayel.
Fundada en 1984 como fabricante de piezas de automoción, Baykar dio sus primeros pasos en la aviación con el Bayraktar Mini‑UAV (2004). En 2007 se lanzó un concurso para dotar a Turquía de un male táctico de diseño local, y en 2009 fue seleccionado el TB1. Ese éxito sentó las bases del TB2, que voló por primera vez en agosto de 2014 y cuya producción se aceleró bajo la dirección de Selçuk Bayraktar, hijo de los fundadores y yerno del presidente turco, Erdogán, que ha ayudado a la empresa y sus proyectos: El auge del TB2 también se ha visto impulsado por el amplio respaldo político del gobierno turco, incluso en contra de empresas turcas rivales. Varios oficiales que se atrevieron a criticar la fiabilidad del enlace de mando del TB2 durante las operaciones fueron destituidos por órdenes directas del gobierno durante las purgas que siguieron al intento de golpe de Estado en 2016, aunque su participación en el golpe era muy dudosa.
El TB2 es un MALE con peso vacío de unos 450 kg. Sus alas, plegables, tienen una envergadura de 12 m. Su velocidad de crucero es de unos modestos de 130 km/h. Su autonomía llega a 27 h, pero la ausencia de enlace por satélite su radio de acción se ve limitado a 150 km. Se puede armar con municiones ligeras desarrolladas por Roketsan. Con un precio inferior a 5 millones de dólares por unidad, el TB2 se posiciona como una solución de “buena relación calidad‑precio”. Baykar planeó aumentar su capacidad de producción de 300 a 500 unidades al año en 2023, lo que podría reducir aún más el coste unitario.
Inicialmente el TB2 incorporaba componentes extranjeros (óptica, motor, electrónica). Tras sanciones y restricciones —por ejemplo, la prohibición canadiense de exportar su pod óptico en 2020— la empresa turca Aselsan desarrolló sustitutos locales, instalados a finales de 2021. Aunque estos reemplazos son menos eficientes, demuestran la resiliencia de la industria de defensa turca tras medio siglo de desarrollo. Además, los clientes internacionales del TB2 prefieren adquirir los componentes por separado para evitar sanciones.
Desde su debut en la guerra de Nagorno‑Karabaj (2020), ha aparecido en varios escenarios: Ucrania (2022‑presente), Siria o Libia. En Ucrania se le atribuye la destrucción del crucero Moskva y la ayuda a la comunicación estratégica, aunque su número operativo nunca ha superado los veinte simultáneos y su vida útil típica ronda las diez misiones. En Libia demostró su capacidad para eliminar defensas aéreas, pero sufrió altas tasas de pérdida, lo que reveló su vulnerabilidad frente a sistemas antiaéreos modernos.
Más allá del campo de batalla, el TB2 se ha convertido en una herramienta de política exterior. Turquía lo ofrece a países africanos, de Asia Central y a algunos europeos como una alternativa “neutra” frente a equipos rusos, chinos o estadounidenses. Las exportaciones impulsaron los ingresos del sector de aviación militar turco en África de 83 M$ (2020) a 288 M$ (2021). El éxito comercial del TB2 también financia proyectos más ambiciosos, como el dron de mayor alcance Akıncı, el prototipo embarcado TB3 y el UAV de combate Kızılelma, destinado a servir como funto fiel del KAAN.


El TB2 no es una “arma milagrosa”; su rendimiento técnico es mediocre, limitado por velocidad, alcance de control y carga útil. Sin embargo, su bajo coste, facilidad de reposición y la fuerte campaña mediática así como el apoyo del gobierno turco gracias a los lazos familiares, le han otorgado un valor estratégico desproporcionado. Funciona como plataforma de salto que permite a la industria turca avanzar hacia drones más sofisticados, al tiempo que refuerza la diplomacia de Ankara mediante exportaciones que combinan precios competitivos y una imagen de independencia tecnológica. El futuro del programa dependerá tanto de la evolución tecnológica como del contexto político interno, donde los lazos familiares entre Baykar y la familia presidencial siguen influyendo en la dirección y el ritmo de desarrollo.
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