
- Los drones de cartón llegan al frente de defensa: el reto de una startup japonesa llama la atención del Ministerio de Defensa
- La empresa quiere comenzar su producción en serie de bajo coste, con posibilidades de uso para misiones de reconocimiento y ataques en enjambre.
- El gobierno impulsa el desarrollo de productos de doble uso que puedan emplearse tanto en el ámbito civil como en el militar.
Takumi Yamaguchi es el joven japonés que está al frente de Airkamuy, la empresa japonesa que quiere producir drones de cartón desechables.
Si los ensayos siguen avanzando bien, el Ministerio de Defensa podría adoptar este dron. Entre sus posibles misiones se incluyen tareas de reconocimiento y ataques en enjambre con pequeñas bombas.
Presentado por la empresa japonesa AirKamuy Inc. en la exposición DSEI 2025, el dron de ala fija está fabricado con cartón biodegradable reforzado con resinas ecológicas. El modelo se llama AirKamuy 150 y está pensado para ser ensamblado en cinco minutos a partir de un kit que se transporta en plancas de carton, lo que permite transportar más de 500 unidades en un contenedor de 20 pies. Por eso, en algunas fuentes, lo han denominado el «drone de origami»
El drone, de 1.7m de largo y 1.8m de envergadura, dispone de una capacidad de carga útil de 1,5 kg, un alcance máximo de 150 km, si veñpcodad mínima es de entre 45 km/h y la máxima está en unos 120 km/h. Su autonomía es de 1‑2.5 h. El coste unitario se sitúa por debajo de los 3000$, mucho menos que los drones tradicionales de Japón. En la información disponible no se especifican la envergadura, la longitud ni la masa máxima al despegue del AirKamuy 150.
AirKamuy 150 está pensado para múltiples usos: vigilancia fronteriza en áreas de difícil acceso, operaciones en enjambres para saturar defensas aéreas, blanco aéreo, entrenamiento contra UAV y simulación de amenazas, así como detección de riesgos NBQR mediante tiras de prueba adheridas al fuselaje. Su bajo precio lo hace apto también para misiones de logística ligera y, al ser desechable, puede emplearse en roles “kamikaze” o de ataque de bajo costo. El año de creación coincide con su presentación en 2025.
Yamaguchi, graduado en Ingeniería Aeronáutica por la Universidad de Nagoya, trabajó en 2022 en el área de apoyo financiero a startups del Banco Mizuho. Tras recibir una invitación de clientes interesados en usar drones para rescates en montaña, participó en un concurso en Hokkaido, experiencia que lo impulsó a fundar su propia empresa.

Airkamuy nació con el objetivo de crear drones para localizar personas desaparecidas en zonas montañosas. Kamui es una palabra ainu (población indígena de Hokkaido) que significa “dios”, reflejando la visión de que los drones ayuden a salvar vidas. Tras una reunión con funcionarios del Ministerio de Defensa en una feria de drones, la compañía decidió expandir sus actividades al sector de seguridad nacional mientras mantenía su línea civil.
En abril del año pasado, Airkamuy realizó una ampliación de capital mediante colocación privada con tres fondos japoneses, además de obtener préstamos de un banco comercial y del Japan Finance Corporation, alcanzando una recaudación total de 100 millones de yenes. Yamaguchi comenta que aproximadamente dos tercios de los potenciales inversores rechazaron la propuesta, citando restricciones internas a inversiones en defensa.
No es el primer drone de cartón que salta a la prensa en los últimos tiempos. El dron de cartón australiano, llamado Corvo Precision Payload Delivery System (PPDS) y fabricado por la empresa SYPAQ también es de cartón y se transporta de una forma similar, sin ensamblar. El ensamblado se realiza en poco tiempo con cinta adhesiva y bandas de goma. Tiene una envergadura de unos dos metros, pesa menos de un kilogramo y puede transportar entre 3 y 5 kg de carga útil, con un alcance de hasta 120 km y tiempo de vuelo de 1‑3 horas según la carga y condiciones climáticas. Fue concebido originalmente para misiones de reconocimiento y suministro logístico, pero en Ucrania se ha reutilizado como dron kamikaze, empleándose en ataques contra bases y aviones rusos, incluido el bombardeo del aeródromo de Kursk en agosto 2023. Por no hablar del Icarus, de DARPA, que os presentamos en 2017.
Desde que el conflicto de Ucrania ha comenzado, los drones han confirmado su importancia, y todos los países han puesto sus ojos en las empresas de drones baratos y desechables, y por ello el capital riesgo se ha volcado hacia proyectos relacionados. Sin embargo, en Japón, donde predomina una cultura de aversión al riesgo, las startups son escasas.
Además, tras el final de la Segunda Guerra Mundial y la proclamación de una nueva constitución «de paz», en la que se prohibe la guerra y se definen las fuerzas armadas del país como «de autodefensa», las regulaciones sobre la exportación de equipamiento militar han sido muy extrictas, lo que no ha favorecido la creación de empresas de defensa, aunque tiene algunos desarrollos de aviones propios, el no poder exportarlos ha supuesto que su producción haya sido limitada y por tanto muy cara. Japón reorganizó sus estructuras de defensa hasta la década de 1970 y hoy posee una de las fuerzas militares más grandes y mejor equipadas de Asia. No obstante, la percepción popular sigue vinculando a las Fuerzas de Autodefensa principalmente con labores de ayuda en desastres naturales, como terremotos. Las empresas japonesas que suministran material militar a las fuerzas locales son limitadas y gran parte del equipamiento proviene de EE. UU. En 2017, la Academia Japonesa de Ciencias emitió una declaración reafirmando su posición de no participar en investigaciones con fines militares.
Sin embargo, la percepción del aumento de las tensiones internacionales y la cercanía de Rusia y China hace que el interés en apoyar la investigación básica de tecnologías aplicables a la defensa está creciendo, como lo muestra el Sistema de Promoción de Tecnologías de Seguridad. En el ejercicio fiscal 2025, la Agencia de Equipamiento de Defensa asignó 11400 millones de yenes, y recibió 134 propuestas de empresas privadas, frente a 49 en 2021.
En octubre 2024 se creó el Instituto de Investigación de Innovación en Defensa, inspirado en el DARPA de EE. UU., con el objetivo de aprovechar tecnologías emergentes para la seguridad nacional. El Ministerio de Defensa también actúa como puente entre startups y fondos de capital riesgo (VC).
El gobierno promueve el desarrollo de productos de doble uso, es decir, aquellos que pueden servir tanto al sector civil como al militar. Entre estos podrían encontrarse sistemas de navegación autónoma aplicables a automóviles y misiles, o fibras de alta resistencia útiles en ropa y aviones.
La firma de capital riesgo Coral Capital, con sede en Tokio, ha invertido en dos compañías de doble uso: Oceanic Constellations, dedicada a drones marinos, y Ōkuma Diamond Devices, que fabrica semiconductores de diamante de bajo consumo aptos para aplicaciones militares. Su CEO y co‑fundador James Riney comentó que, aunque la comprensión de la tecnología de defensa lleva tiempo en Japón, el talento ingenieril del país le brinda una ventaja competitiva en el sector de startups de defensa.
La startup espacial Elevation Space está desarrollando tecnología de re‑entrada de pequeños satélites, que podría servir como contramedida contra armas hipersónicas. Kazunari Miyamaru, COO, subrayó la necesidad de cooperación entre Japón y sus aliados para enfrentar amenazas emergentes desde el espacio, y mencionó contactos con el Ministerio de Defensa y con MBDA, el mayor fabricante europeo de misiles.
El Ministerio de Defensa incluyó en su solicitud de presupuesto preliminar para el ejercicio 2026 de 312.8 mil millones de yenes destinados a fortalecer la capacidad de activos no tripulados, incluidos drones, y está evaluando opciones tanto nacionales como internacionales.
Fuentes: Bloomberg, Airkamuy, Origami Drone, Unwire
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