26 de marzo de 1971: el primer vuelo del Aviocar

Prototipo del C212 en el Museo del Aire

Voy con casi una semana de retraso para escribir esta entrada, pero el trabajo y otras obligaciones no me han dejado. No obstante, más vale tarde que nunca, y más si se trata de celebrar los 55 años del primer vuelo del primer prototipo del Aviocar, matriculado XT.12-1, en Getafe, con el piloto de pruebas de CASA, Ernesto Nienhuisen, a los mandos. Entonces no lo sabían, pero había despegado el mayor éxito comercial de la industria aeronáutica española (tal vez sólo por detrás de los motores Hispano Suiza de la Primera Guerra Mundial).

En la linea de montaje
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Autogiros Mach y los Agents Rurals de la Generalitat de Catalunya

Sabemos que el autogiro es una gran máquina para el vuelo lento, y todas las aplicaciones en las que se requiera este tipo de vuelo, como la vigilancia. Por eso no nos ha sorprendido encontrar, gracias a la FPAC, que los Agents Rurals de la Generalitat de Catalunya los probaron como aeronave de patrulla.

El autogiro es un Mach 10, de Sallén Aviación. Sallén Aviación fue fundada en 1984 en Binéfar, Huesca, inicialmente para la construcción de autogiros ultraligeros, una especialidad que estaba comenzando a despuntar a nivel mundial. Presumían de ser pioneros en los autogiros ULM y ser la primera empresa en tener un autogiro ultraligero certificado.

La empresa se consolidó como una de las pioneras en este campo en España, antecediendo a ELA o Airbet.

Su serie de autogiros se llamó Mach, ¡como si fueran a ir a mucho más de 100km/h! Y se fabricaron desde ese 1984 hasta los años 90. Actualmente la empresa sigue en activo, aunque ya no fabrica aeronaves completas. El certificado de aeronavegabilidad de los autogiros lo vendieron a una empresa mallorquina, NICOPASUX, S.L

La estructura de los autogiros recuerda bastante a la de los Bensen.

Modelos de Autogiros Mach

  1. Mach 10
    El Mach 10 era un autogiro monoplaza con una estructura simple, fabricada en acero cuadrado, con un rotor de dos palas. Estaba equipado con un motor Rotax 503 de 52 HP, escasos para pilotos pesados y días de calor, a pesar de su escaso peso en vacío de 126kg.
  2. Mach 15
    El Mach 15 mejoró en relación al Mach 10, manteniendo la misma estructura básica pero con un motor más potente: el Rotax 532 de 64 HP, que luego se sustituyó por el Rotax 582 (65HP). Este modelo ofrecía más rendimiento, aunque aún iba algo justo de potencia, convirtiéndose en uno de los más conocidos y vendidos por Sallén.
  3. Mach 15 Falcon Traveler
    Una versión más ambiciosa del Mach 15, incorporaba un carenado parcial a la estructura, mejorando la aerodinámica y protección del piloto. Este modelo representaba una evolución de los Mach 15, con el mismo motor pero con un diseño algo más refinado.
  4. Mach 25
    El Mach 25 fue un modelo biplaza. A pesar de su nombre, no alcanzaba grandes velocidades

La FPAC tiene dos de estos autogiros, siendo el Mach 10 el que compraron los Agents Rurals de la Generalitat de Catalunya para evaluarlos como aeronave de patrulla.

Fuentes

El ejército del aire prueba los motores de sus cazas con SAF

Si la memoria no me falla, son visibles las ondas de choque visibles en el flujo de aire de salida

Durante esta semana el ruido de motores de caza ha sobresaltado a los vecinos de Alcalá y Torrejón. Este ruido, antes más habitual, se ha debido a los ensayos realizados con SAF (combustible sostenible de aviación)en el motor del Eurofighter (C.16).

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Cohetes antiaéreos en la Guerra Civil Española: del cohete anti-pedrisco al torpedo aéreo

Torpedo aéreo de Belmonte

Aunque a menudo se asocia el desarrollo de los cohetes militares a la Segunda Guerra Mundial y a la posguerra, lo cierto es que la cohetería ya era una tecnología conocida y en evolución durante las primeras décadas del siglo XX. Países como Rusia (URSS) y Estados Unidos investigaban activamente motores de combustible sólido, estabilización por aletas y aplicaciones militares y científicas, sentando las bases de la futura artillería cohete y de la astronáutica. No nos extenderemos mucho en este punto, porque hicimos un podcast monográfico sobre el nacimiento y el desarrollo de la cohetería, que merece mucho la pena escuchar.

En los años 30, en España, se fabricaban, comercializaban y utilizaban cohetes antipedrisco. Estos dispositivos, relativamente sencillos, consistían en cohetes de pólvora lanzados casi en vertical, con cargas luminosas o explosivas.

Cuando estalló la Guerra Civil en 1936, este conocimiento previo —tanto técnico como práctico— facilitó que ambos bandos experimentaran con la adaptación de cohetes a funciones militares.

El torpedo o mina antiaérea ALAS (Ejército sublevado)

Uno de los desarrollos poco conocidos del conflicto fue el torpedo antiaéreo ALAS, creado en el bando sublevado durante los primeros meses de la guerra. Su existencia se conoce no solo por documentación nacional, sino también —de forma significativa— por informes del Servicio de Información vasco, conservados en el Centro Documental de la Memoria Histórica de Salamanca.

ALAS

Desde el inicio de la contienda, los sublevados emplearon cohetes en zonas como Vitoria y Zaragoza, inicialmente con un objetivo más psicológico que destructivo: simular las explosiones de las barreras de fuego de la artillería antiaérea, compensando así la escasez de cañones modernos. Estos cohetes se emplearon incluso en algunos bous armados.

En septiembre de 1936 se dio un paso más con el desarrollo del llamado Torpedo o Mina Antiaérea ALAS, diseñado por el capitán de artillería Félix Sacristán, jefe del Servicio de Antiaeronáutica de la zona alavesa, en colaboración con la empresa Álava, de Vitoria.

El ALAS partía de un diseño de cohetes antigranizo agrícolas. Tenía un diámetro de 110mm y una longitud de 820mm, con un peso total de unos 7kg.

Curiosamente, las toberas de salida de los gases estaban en su cabeza, no en su base, para evitar problemas con el desplazamiento del centro de gravedad a medida que se consumía la pólvora, mejorando la estabilidad. Además, el cohete contaba con cuatro aletas y un timón estabilizador automático.

La propulsión se lograba mediante pólvora, y contaba con un sistema de encendido eléctrico.

En febrero de 1937, el Estado Mayor del Ejército del Norte republicano informaba de que el enemigo disponía de “baterías de torpedos aéreos” junto a cañones automáticos de 20 mm. El 22 de febrero de 1937, un Breguet republicano fue alcanzado por un cohete ALAS en el sector Escamplero–Oviedo, resultando heridos dos tripulantes, uno de ellos de gravedad.

Durante 1937 y 1938 se realizaron diversas pruebas y despliegues:

  • Envío de cohetes a Cádiz para experimentación en la Escuela Central de Tiro.
  • Instalación de siete emplazamientos en el aeródromo de Logroño.
  • Demostración ante oficiales de la Legión Cóndor en Salamanca en agosto de 1938, donde incluso se estudió un futuro sistema de radiocontrol Marconi.

Sin embargo, el proyecto fue abandonado a partir de 1938, tras construirse unos 150 cohetes y con un coste aproximado de 40000 pesetas de la época, probablemente debido a su eficacia limitada y la llegada de artillería antiaérea convencional más eficaz.

El Torpedo Aéreo republicano de José Belmonte

En el bando republicano también hubo un desarrollo similar: el Torpedo Aéreo, ideado por José Belmonte, un cabo conductor barcelonés que había combatido desde los primeros días de la guerra.

Con escasos recursos pero gran iniciativa, Belmonte desarrolló una familia de cohetes pensados para múltiples funciones: antiaérea, ataque terrestre, versiones incendiarias e incluso proyectos teóricos de torpedos marinos y cohetes de largo alcance. Las pruebas se realizaron en el litoral del Garraf, cerca de Vallcarca.

Disparo de prueba desde la costa del Garraf

El sistema era simple y portátil, contando con un tubo lanza cohetes con ruedas. La ignición se hacía con una mecha, lo que dificultaba la puntería contra objetivos móviles y rápidos, como los aviones, y tenía un alcance de entre 2 y 4 mil metros.

El cohete de ataque terrestre medía unos 70 cm, pesaba entre 5 y 6 kg y estaba dividido en tres secciones:

  • Punta ojival de cobre.
  • Cuerpo central con una granada de 2 kg, con camisa fragmentada tipo “piña”.
  • Sección trasera con la cámara de gases y tres aletas estabilizadoras.

El estallido se producía por percusión al impactar o, en caso de fallo, mediante una mecha retardada. La versión antiaérea era más larga y con mayor carga, pero seguía careciendo de sistemas de guía o de detonación de proximidad. Alcanzaba una velocidad de 700km/h.

Paradójicamente, la función antiaérea era la menos viable del sistema. Los aviones franquistas, especialmente los bombarderos italianos, operaban a alturas superiores al techo efectivo del cohete. Además, factores como el viento, que desviaba el proyectil, la falta de guiado y la dificultad de hacer puntería sobre objetivos móviles reducían enormemente sus posibilidades reales de impacto.

Consciente de estas limitaciones, Belmonte proponía una táctica de saturación, similares a las que usó la artillería antiaérea en la Segunda Guerra Mundialo las que se proponen hoy día contra los drones, disparando múltiples cohetes para crear una zona peligrosa —saturada de metralla—en el aire.

A pesar de sus ideas y de la viabilidad industrial del sistema, el proyecto no despertó interés suficiente entre las autoridades republicanas. En agosto de 1937, Belmonte escribió personalmente al presidente de la Generalitat, Lluís Companys, quejándose de que su condición de simple cabo había bloqueado el desarrollo del arma. No obtuvo respuesta efectiva y el proyecto quedó abandonado tras las pruebas. Al final de la guerra, hizo llegar todos sus papeles al consulado estadounidense.

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