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El Espacio de Javier Casado - El Blog
Un lugar para debatir sobre astronáutica y espacio

  • V-2. La venganza de Hitler
    José Manuel Ramírez Galván acaba de publicar con la editorial Melusina el
    que probablemente es el primer libro especializado en español sobre la V-2 (y si no es el primero, desde luego es el más riguroso y documentado).

    A lo largo de sus 286 páginas salpicadas de decenas de fotografías, se hace un recorrido por toda la historia de este arma precursora de los misiles balísticos y de los lanzadores espaciales, desde los inicios de la cohetería en Alemania hasta la captura de los técnicos y de los resultados de sus investigaciones por los aliados, incluyéndose los principales derivados de post-guerra a que dio lugar. Entre medias, el libro nos ofrece un detallado relato del desarrollo de este revolucionario cohete, de su despliegue bélico, y de las acciones tanto de inteligencia como operativas de los aliados para intentar acabar con esta amenaza.

    Un completo recorrido, por tanto, por toda la historia relacionada con el desarrollo de la cohetería en la Alemania de la Segunda Guerra Mundial, que resulta de un gran interés tanto para los aficionados a este periodo de la historia como para los aficionados a la astronáutica que quieran saber más sobre los desarrollos de la cohetería avanzada que culminarían llevando en pocos años al hombre al espacio.


  • El fundador de Amazon descubre en el fondo del mar los motores del Apollo 11
    …y al parecer se dispone a recuperarlos.

    Perdonadme la expresión, y disculpadme los que no estéis de acuerdo, pero esto me parece una soberana gilipollez. Vale, seguramente a Jeff Bezos, fundador de Amazon, el dinero le sobra para dedicarse a estos hobbies… y seguramente también hasta tendrá la suerte de recuperar la inversión exponiendo cuatro hierros oxidados y cobrando entrada, o vendiéndoselos a algún museo que también sea tan estúpido como para pagar por ellos. Pero a esto no le veo ningún sentido. Me parece puro fetichismo.

    Vamos a ver, no estamos hablando de recuperar restos arqueológicos de gran interés… Se trata de recoger unos motores de un lanzador Saturn V (supongo que son motores F1 de la primera etapa, aunque la nota de prensa que he leído no lo especifica) que llevan ya 50 años bajo el mar, que han sufrido el impacto de su caída desde miles de metros, y que entre ese impacto y la corrosión del medio salino deben estar literalmente “hechos polvo”. Unos motores de los cuales ya existen ejemplares bien conservados en varios museos. ¿Que estos funcionaron en el lanzador que llevó al hombre a la Luna por primera vez, y que por eso valen más que cualquier otro por muy destrozados que estén? Vamos a ver, que se trata de una máquina, da lo mismo que haya funcionado empujando un trasto con personas a bordo o en un ensayo en banco, es la misma máquina. Lo que digo: puro fetichismo.

    Ya sé que mucha gente no estará de acuerdo conmigo, lo sé, estas cosas en el fondo son pasionales más que racionales, pero es que no puedo entenderlo. Esto me parece lo mismito que cuando, hace ya quizás 20 años, visité de jovenzuelo el museo del ejército en Madrid y vi expuestos en una vitrina los calzoncillos ensangrentados de no sé qué héroe de no sé qué guerra. ¡Soberana estupidez y mal gusto! Es el mismo fetichismo ridículo que veo con esto.

    En fin, hay gente pá tó. Y si les sobra el dinero, al fin y al cabo es suyo. Pero mejor sería que lo invirtieran en algo de mayor provecho…


  • Se buscan ideas: ¿qué hacemos con la estación espacial?
    Interesante, sorprendente y preocupante. Eso me parece el reciente comentario de Bill Gerstenmeier, Administrador Asociado para la Exploración y Operaciones Tripuladas de la NASA, en una conferencia sobre transporte espacial comercial promovida por la FAA (la agencia federal aeroespacial norteamericana). En su discurso, Gerstenmeier ha admitido que la NASA ha invertido enormes sumas de dinero en construir un enorme laboratorio espacial, pero que una vez terminado no saben muy bien qué hacer con él. De hecho, alentaba a que se hicieran propuestas desde el exterior para aprovechar los recursos para la investigación de que dispone la estación. Remarcaba que la NASA paga el vuelo de ida y el de vuelta, así como los enlaces con tierra y otros servicios. Vamos, que casi rogaba que alguien se animara a hacer algo útil con esos millones de dólares en material de alta tecnología que vagan por el espacio.

    Como decía al principio, la noticia es interesante porque no siempre se escuchan este tipo de palabras sinceras con autocrítica implícita por parte de altos cargos de la NASA (o de cualquier otro estamento, seamos sinceros, espacial o no, y del país que sea); como noticia, la información resulta de interés. Pero también es sorprendente, no por el hecho de que llevemos décadas oyendo hablar de lo fantástico que sería tener un laboratorio como la ISS en el espacio y las maravillas que se podrían hacer en él (uno ya es relativamente inmune a este tipo de propaganda sensacionalista), sino, sobre todo, porque una de las principales críticas reiteradas a la ISS ha sido siempre la escasez de tiempo que queda para la experimentación después de que los astronautas empleen la mayor parte de su jornada en labores de mantenimiento del complejo o en su propio sostén a bordo. Ahora resulta que, a pesar de que casi no queda tiempo para hacer experimentos, ni siquiera saben qué hacer con esas horas residuales. No me diréis que no es sorprendente… Y, por supuesto, preocupante, y no creo que esto necesite demasiada explicación; que se lleve a cabo un proyecto de esta magnitud, a este coste, en base a que ofrecerá ciertos rendimientos futuros… y resulta que a la hora de la verdad ni siquiera se sabe qué rendimientos pueden ser esos. Sin comentarios…

    Los que seguís este blog a pesar de los altibajos en las publicaciones de estos últimos años, recordaréis que no hace mucho ya escribí unos artículos críticos similares sobre la estación espacial (aquí y aquí). En ellos ya presentaba el fracaso que ha representado la ISS desde un punto de vista científico, si bien recordaba que no es éste, a pesar de ser la constante en los discursos justificativos del complejo, el único fin útil de la estación. Pero en aquellos artículos presentaba el fracaso científico en base al hecho de que sólo el 7% del tiempo útil a bordo (o el 3% del tiempo total) se dedicaba a la investigación (5 horas semanales por tripulante, o 30 horas semanales totales). Y ahora resulta que, al menos en la parte de ese tiempo correspondiente a la NASA (no sabemos si ocurrirá lo mismo con los rusos), según se desprende de las palabras de Gerstenmeier sus astronautas casi lo podrían dedicar a rellenar crucigramas, porque no hay experimentos que realizar. Sí, ya sé que esto es sin duda exagerado, y supongo que por ahora no se llega a tanto… de hecho, sé que bastaría una oferta en la web de la NASA abierta a propuestas del público, y en cuestión de horas tendrían centenares; pero supongo que no se trata de tener “algo” que hacer a bordo, sino tener “algo interesante” que hacer a bordo, propuestas científicas serias, tener investigadores haciendo cola para realizar su experimento en el espacio, como uno esperaría que ocurriera... Eso es lo que falta, según se desprende de las palabras de Gerstenmeier. Aunque parezca increíble...

    No cabe duda de que todo esto requiere de una profunda reflexión por parte de los protagonistas involucrados. No se trata ya de debatir si merece la pena o no invertir tantos millones de dólares para realizar 30 horas de experimentación semanales; no se trata de decidir si esas horas de experimentación en condiciones irrepetibles en nuestro planeta merecen lo que cuestan o no; no se trata de elegir si esos millones darían más rendimiento científico invertidos en laboratorios convencionales en tierra firme… No, se trata de reflexionar por qué, una vez que se dispone de los medios (independientemente de lo que hayan costado), no se aprovechan. Sin duda, tiene que haber razones de peso: no me imagino que a un científico se le ofrezca la posibilidad de utilizar un laboratorio de última generación en condiciones únicas y simplemente diga “no, gracias, si yo ya estoy aquí muy a gusto con mis probetas”; si eso sucede, tiene que ser por algo. Y debemos analizar por qué, para solucionarlo en el futuro, si es que pretendemos seguir haciendo investigación en microgravedad, sea al coste que sea. De poco serviría solucionar esos problemas de escasez de tiempo disponible o de costes desmesurados de las instalaciones si, una vez supuestamente solucionados, resulta que por alguna otra razón sigue sin ser interesante para los investigadores realizar experimentos a bordo.

    Está claro que para conocer las verdaderas causas de este aparente desinterés científico hacia la estación espacial, deberíamos preguntar a los investigadores, pero ya hay quien apunta posibles causas. Una de ellas podría ser el exceso de regulaciones que rigen la experimentación a bordo; los experimentos que deben volar a la estación deben ser sometidos a reglas tan estrictas y a controles burocráticos tan extensos, que puede que a los experimentadores no les compense pasar por ese calvario. Es decir, puede que no sólo las instalaciones del laboratorio salgan caras, sino que su mera utilización también puede resultar excesivamente cara para los usuarios, en costes y tiempo dedicados a vencer esas quizás excesivas (o quizás necesarias, habría que evaluarlo) regulaciones.

    Otra posible causa del aparente desinterés (y remarco lo de aparente, ya que quiero creer que si no existieran problemas para ello, habría muchos interesados en aprovechar las excepcionales condiciones de experimentación a bordo del complejo espacial) puede ser la falta de continuidad en la experimentación. Cualquier investigación científica actual no se reduce a un experimento, sino que frecuentemente requiere decenas de ellos, desarrollados a lo largo de un periodo de tiempo más o menos extenso. Un experimento aislado a menudo plantea más interrogantes que respuestas, y si no tiene continuidad, sirve de bastante poco. Y, lamentablemente, la experimentación a bordo suele ser así: lleva meses preparar un experimento para lanzar al espacio; cuando finalmente despega la misión que lo transporta, el experimento se desarrolla a bordo durante los días o semanas que corresponda, y sus resultados vuelven a la Tierra. Entonces toca analizarlos, y, si procede, plantear un experimento de continuación; solicitar hueco para lanzarlo, esperar autorización, preparar de nuevo el material para enviarlo al espacio… En el supuesto de que dicho experimento de continuación tenga lugar, todo el proceso habrá requerido un tiempo tremendamente superior al que tendría la secuencia habitual en un laboratorio terrestre. Pero es que, además, es muy posible que no se consiga un hueco próximo, ya que, salvo en programas de experimentación “oficiales” de la propia NASA, lo “normal” (o lo “políticamente correcto”) es dar oportunidades a diferentes investigadores, no siempre a los mismos. El resultado suele ser un experimento aislado, o casi, lo cual suele restar mucho interés para llevarlo a cabo, especialmente si a eso le sumamos los obstáculos y dificultades que comentábamos más arriba.

    Sea como sea, algo está fallando, de eso no cabe duda. Y se trata de un grave problema, ya que, como recordaba al principio, la investigación científica ha sido siempre el “leit motiv” de la estación espacial internacional. Y aunque ya comentaba en aquel artículo anterior que la ISS proporciona otros rendimientos aparte de la propia actividad científica, está claro que eso no deja de ser un vago consuelo para un proyecto que se estableció en base a una premisa de investigación. Bueno, teóricamente… como casi toda la actividad espacial, las motivaciones reales tuvieron más que ver con la política; pero eso ya lo damos por descontado en este terreno.

    ¿Cómo resolver esta situación, como paliar los problemas, sean cuales sean, que están provocando este aparente desinterés de la comunidad científica hacia un laboratorio de uso restringido pero con una tecnología y unas condiciones de investigación inigualables? Lo ignoro, pero creo que el problema es lo suficientemente importante, tanto para el presente como para el futuro de la ciencia espacial, como para dedicarle una profunda reflexión por parte de todos los involucrados.


  • La Phobos-Grunt, fotografiada por un aficionado
    Me gustan estas fotos de cacharros en órbita tomadas por aficionados; supongo que en el fondo me sigue asombrando como a un niño que podamos ver a través de un telescopio "amateur" (aunque menuda calidad tienen la mayoría de estos telescopios...) cosas que están en el espacio.En esta ocasión ha sido el francés Thierry Legault quien ha conseguido fotografiar la sonda rusa Phobos-Grunt, errante en la órbita terrestre y a punto de reentrar en la atmósfera tras el fallido arranque de la misión que debía llevarla hasta Marte, un planeta que se les ha atrangantado siempre a los rusos. Curioso que al país históricamente más "rojo" se le atragante el planeta rojo, ¿no?...

    En la fotografía parece comprobarse que los paneles solares de la sonda están apuntando en dirección contraria al sol, lo que justificaría la imposibilidad de comunicarse con la sonda desde tierra, al no contar son suficiente energía para alimentar a sus equipos. Triste final para la que debía ser la misión estrella del programa espacial ruso en los últimos años... (Fotos: Thierry Legault)


  • Misión Muyposible: Asalto a NPO Energomash
    Los últimos fracasos del programa espacial ruso y su repercusión en medios periodísticos parece que han puesto nerviosos a los políticos rusos. Con razón, supongo; hubiera pasado en cualquier sitio. Pero si además de estos fracasos se encuentran con una joven bloguera que se cuela en instalaciones cuasi-secretas al estilo “Misión Imposible de botellón” para luego denunciarlo en su blog, es de esperar que los responsables estén al borde de un ataque de nervios. Aunque quizás deberían preguntarse si toda esta serie de incidentes no serán sino la muestra de una preocupante degradación generalizada en el seno del programa espacial ruso…

    En fin, la cuestión es que Dmitri Rogozin, flamante vicepresidente del gobierno ruso para asuntos de defensa, y que también tiene a su cargo la supervisión de la agencia espacial rusa Roskosmos, declaraba a finales de diciembre que era inadmisible la entrada de personas no autorizadas en el interior de instalaciones de la agencia, demandando medidas urgentes para evitar que estas situaciones se reproduzcan en el futuro.

    Todo este barullo viene motivado por la entrada de la bloguera Lana Sator con un grupo de compañeros en las instalaciones de NPO Energomash, con nocturnidad, alevosía y armados con cámaras fotográficas y con su ácida pluma (o teclado).


    Y es que por si no fuera bastante con los dos fracasos casi consecutivos que tuvieron lugar a finales de 2011 en el programa espacial ruso (la pérdida del satélite de comunicaciones Meridian por un fallo del lanzador, y la de la sonda Phobos-Grunt, que en vez de viajar hasta Marte quedó errante en la órbita terrestre), sólo les faltaba que apareciera esta bloguera publicando unos reportajes y fotografías en los que se exponía la degradación en la que estaban cayendo las instalaciones del programa espacial ruso, sin vigilancia y expuestas a que cualquiera pudiera acceder “hasta la cocina”. Porque realmente, parece que no dejaron sitio sin explorar: talleres, laboratorios, salas de control… hasta subieron al tejado para contemplar las vistas nocturnas de la ciudad. Según parece, los “infiltrados” anduvieron por allí “como Pedro por su casa”; ellos mismos criticaron en su reportaje que fueron capaces de entrar y deambular libremente por las instalaciones durante cinco noches consecutivas, sin tropezarse con ningún vigilante de seguridad ni encontrar ningún sistema de alarma en activo. Aparte de esto, las fotografías tomadas (que podéis contemplar aquí) muestran un más que pobre estado de conservación de las instalaciones, por decirlo de forma suave...

    No voy a negar que tenga razón el vicepresidente ruso cuando plantea como inadmisible que personas no autorizadas puedan penetrar tan fácilmente en un centro espacial y militar. Porque el tema cobra aún más relevancia si tenemos en cuenta que NPO Energomash no sólo fabrica sistemas de propulsión para lanzadores espaciales, sino también para misiles estratégicos… Pero aunque sin duda el tema de la seguridad es importante, me temo que lo que más irritó a Rogozin fue que todo esto llegara a los medios.

    En fin, es lo que tiene la libertad de prensa. Está claro que en tiempos soviéticos estas cosas no pasaban...